febrero 16, 2010

Así es el amor


Hola, amor mío. Buenos días.

Hoy me desperté y no me fue fácil –al igual que todos los días– pues como tú sabes, Preciosa, siempre he sido un dormilón. Al llegar a la cocina me di cuenta que partiste sin haber lavado los trastes e inmediatamente se me dibujó una sonrisa en el rostro; Ay, traviesilla, pensé, No te preocupes, yo los lavo… Después de haber lavado los trastes me dirijo a la sala y me topo con prendas tuyas que se encuentran sobre los sillones de forma desordenada –como si hubieras tenido prisa– y no hago otra cosa que volver a sonreír; ya volverías con historias fantásticas del por qué de tu urgencia al salir de nuestra casa.

¿Te esperaré para comer? No he sabido nada de ti en todo el día y me muero de ganas por saber si el maleducado de tu jefe te habrá hecho enojar o si tus amigas durante el cigarro de medio día te hicieron reírte a carcajadas… ¿Qué estarás haciendo ahora, mi cielo?

Mi instinto de supervivencia me orilló a prepararme lo necesario para mantenerme cuerdo – o lo que más se le parezca – y no hago otra cosa más que pensar en ti. Puedo ver claramente tus ojos, tus labios, tu cabello suelto hasta los hombros y sobre todo el magnetismo innato con el que brillas siempre que sonríes. Eres hermosa; te veo radiante.

Al caer la tarde me encuentro ansioso y recurro a mi cava para encontrar algún remedio que aturda mis nervios al menos por un momento. (Ahh si, un buen whisky siempre es la mejor elección, desde que Dios inventó el whisky este mundo es un lugar mejor).

Brindo por ti.

Sigues sin dar destellos de vida y me invade una gran tristeza. Ahora todo es claro. Ya no estás aquí: conmigo. Una voz dentro de mí me recuerda que no volverás. Me grita que fuimos amigos y ahora no lo somos; me grita que fuimos novios y ahora yo no lo somos; me grita que nos amamos… ya no somos. No estamos: No seremos.

¿Por qué te fuiste de mi lado? ¿Acaso yo te aparte de mi vida? ¿En qué momento llegamos a este punto? ¿Me amas? ¿Me odias?

Lágrimas callan mis pensamientos atropellados y busco en mis manos el consuelo que mi cara reclama. No volverás, ya me acordé. No volverás. No puedo más que acordarme de la última conversación que sostuvimos:

- Te amo, Preciosa.

- Yo también te amo.

- La vida da muchas vueltas y yo tengo fe en que nos volveremos a encontrar, son cuestiones del destino.

- Por favor, Raúl, no hagas esto más difícil. Quítate esa idea de la cabeza. Se terminó.

Sigo sin entender los motivos por los que Dios nos juntó (ya sea por ser un viejo sabio o un niño explorador), pero si algo he de agradecer es tu calor. Me amaste hasta que ya no pudiste más. Lo mismo hice yo.

No me arrepiento de nada y, donde quiera que estés, deseo que encuentres lo mejor…

Hasta siempre, amor mío, hasta siempre. Te seguiré buscando, los días que me restan por vivir… te seguiré buscando y tal vez, sólo tal vez, te encuentre en otro corazón.

Te amo.


Nicolai A.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario!!
La libertad está en la expresión de la palabra. Al menos deja tu nombre y determina el color de tu libertad... Nicolai A.

Entradas populares