junio 20, 2010

Para el hombre que me enseñó a caminar

Con todo mi cariño, respeto y admiración.

Nicolai A.
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El hombre del que quiero contarles, es mi padre. Es quién me ha guiado hasta donde me encuentro. Mi padre me enseñó a caminar y andar en bicicleta; me enseñó a competir, pero sobretodo me enseñó a ganar contra mí mismo: a reinventarme, a no rendirme, a seguir siempre adelante…


El hombre del que quiero contarles es un hombre con alma de niño, que te busca la sonrisa en el rostro, que te quiere ver feliz… ése… ése es mi padre: ¡el de corazón de león, el de pecho grande, el de espíritu radiante!

Su bigote eterno y su corazón abundante me han acompañado en mis victorias y recaídas, cuando me veía cansado se convertía en lámpara en el tiempo oscuro. En el tiempo frío, me mostraba la garra que se necesitaba para no sentirme abatido.

Recuerdo muy bien cuando jugábamos mi padre y yo, él se convertía en el reto a vencer, en la batalla a conquistar, en la inteligencia para seguir las reglas y en la astucia para doblarlas o romperlas. Y así es la vida: es un juego y un reto. Es un juego porque debes disfrutarlo y así, la diversión y la felicidad formarán parte de tu recorrido hasta alcanzar la plenitud; y es un reto pues la vida no es fácil, siempre te recuerda que el único trecho que da el adelante es el que cubre nuestro pie extendido; que no hemos terminado nuestro recorrido.

El hombre del que quiero contarles, es mi padre. Ingeniero aeronáutico de múltiples vuelos de papel; Contador público de profesión, más contador de cuentos de corazón; él era Melchor, Gaspar y Baltazar para sus hijos, para sus sobrinos, para sus hermanos y hermanas; regalos no de materia sino de alma, de llamas encendidas que brillan intensamente cuando juntas están. Hombre de y para su familia. Su familia: primero. Siempre primero.

El hombre del que quiero contarles se llama Raúl Reyes Huerta: mi padre, mi maestro, mi amigo.

Te amo padre.

mayo 31, 2010

Visionario

A Joao Tello, con cariño y respeto.

“Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo”. William Arthur Ward.
“Only those with too much soul die too young”.

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Al escuchar la noticia me quedé helado. No solo no lo podía creer; no lo quería creer… y aunque soy una persona que generalmente demuestra todos sus sentimientos cual libro abierto, en esta ocasión, se había fugado de mi rostro expresión alguna.

Instintivamente, mi mano derecha buscaba los cigarros en el bolsillo mientras que la otra se alzaba sobre mi cabeza ordenando la cuenta del restaurante donde comíamos mis amigos y yo. La vida ahí seguía normalmente: los empleados, los comensales, la música... Todo permanecía similar al lugar a donde había entrado, sin embargo yo no lo percibía igual; de pronto me sentí ajeno y fuera de lugar.

Lo que acababa de recibir era una noticia terrible; cargada de una incertidumbre colosal.

Pedimos el auto.

Una vez en camino, mi conciencia no dejaba de negar la imagen que repetidamente asaltaba mis pensamientos: ¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡No puede ser!

Ingeniero: no podía hacer otra cosa mas que negarlo; la noticia de tu muerte me parecía totalmente inalcanzable, irreal, pero ya estabas lejos.

Al llegar al punto de reunión, fui observando cómo los demás rostros de mis compañeros se iban palideciendo ante lo que escuchábamos, fui testigo de cómo el desconcierto nos empapaba como enfermedad contagiosa; un manto de tristeza e incredulidad nos cubría a todos… No sé cuántas veces tuve que escucharlo de las distintas personas que me rodeaban para convencerme; para taladrarlo en mi mente y dejar permear lo que no podía aceptar.

Es verdad. Es un hecho. Te has ido.

Ahora, Ingeniero, perteneces a otro plano: al plano del tiempo; ya no podemos compartir el mismo espacio; ya no podremos compartir una mesa o una celebración. Tuyo es el tiempo…

Debo agradecerte por lo que me enseñaste, por enseñarme que sí se puede, por brindarme una guía, un ejemplo.

Como líder lo que más vamos a extrañar de ti son tus ojos. Siempre te mostraron el destino al final del bosque; con ellos vislumbraste los lugares más lejanos. Tu voz nos indicaba hacia donde nos dirigíamos: al Horizonte. ¡Te gustaba ver siempre el horizonte, Ingeniero! Te gustaba tanto que subías a lo más alto para verlo, contemplarlo, viajarlo… vivirlo.

Te fuiste y lo peor es que no pude despedirme, pero debo comentarte que has cumplido.

Has trascendido en cada uno de nosotros y, aunque no compartamos tu visión distante, en nuestros corazones has sembrado la calidez, energía y coraje que tu espíritu siempre mostró.

Hoy solo espero que, el día que mi número salga para acompañarte, pueda encontrar y compartir nuevamente ese nuevo proyecto en que ahora estás a cargo: la eternidad.

Hasta siempre, Ingeniero. Cuando sea mi tiempo volveremos a estrechar las manos.

Dios te Bendiga.

Nicolai A.

El Gran Espectáculo

Antes que acabe el mes de Mayo... publico esto como homenaje.

A mi madre,
A la madre de mi hijo,
A todas la mamás...

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- Vas, te toca. Sin miedo.

Ya está todo listo, me encuentro justo atrás del escenario y siento que las piernas me tiemblan. Aunque me estuve preparando desde hace tiempo para esto me siento con ansiedad y me sudan las manos pero aún así doy unos pasos adelante para llevar acabo mi objetivo.

Mientras me adentro en lo desconocido, puedo sentir lo nuevo que es para mi percibir la mirada de tantas espectadoras e inmediatamente me refugio en mis zapatos y miro como me llevan al centro de la explanada de madera.

No estoy solo en mi acto, cuento con mis compañeros que están unidos conmigo bajo el mismo sentimiento. Nos volteamos a ver, cómplices de lo que está por venir y esperando dar un Gran Espectáculo.

Levanto la vista y encuentro la mirada que me está esperando, que de alguna forma me hace sentir en confianza, como en casa. Por un momento siento que solo está ella y su mirada, y si me concentro otro poco más podría desaparecer todas esas decenas de ojos y verla sólo a ella. Instintivamente la saludo con una sonrisa de oreja a oreja, como si nunca nos hubiéramos visto, como si fuera la única vez que nos vemos. Quiero que me vea.

De repente salgo de mi trance, me doy cuenta que mi cara esta pintada con grasa negra para zapatos, llevo una camisa blanca con rayas rojas, pantalón negro, zapatos negros, un bastón y un bombín. ¡Estoy en un Festival del 10 de Mayo! Estoy por bailarle a mi mamá. Recuerdo cuando Felipe le preguntó a la Miss Tere en el salón por qué lo íbamos a hacer.

– Por que le vas a decir a tu mami que la quieres mucho mucho mucho, nos contestó.

Yo no pienso igual que la Miss Tere, yo creo que estoy aquí paradito porque la quiero con todo mi corazón; porque es la más bonita del mundo; porque me hace mi lechita en las noches y por que me cura cuando me raspo una rodilla o estoy enfermito, pero lo más importante es porque ella es la mejor mamá del mundo, y me toco a mí.

Comienza la música y entiendo que debo comenzar con mi trabajo.

“Si sospechas que traigo aquí
Será todo para ti.
Dulce no es, fruta no es,
Nieve tampoco es…”

Mis brazos se mueven al ritmo de la música, al igual que mis pies. Le echo muchas ganas y espero que todos lo estén haciendo también pero seguramente alguien ya se equivocó porque escucho muchas risas conforme vamos bailando. ¿Se habrá caído Felipe? Nunca fue bueno para bailar. Estoy concentrado en lo que me dijo mi Miss y hago cada paso como me lo enseñó.

Cuando acabo de bailar escucho como nos aplauden, ¿De verdad lo hicimos tan bien? Pero me siento contento y no me tardo mucho en gritarte

- ¿Me viste mamá? ¿Me viste?

Te sigo saludando sonriente y con mucha fuerza mientras Miss Tere me toma de la mano para salir del escenario.


De este recuerdo, llevo siempre la mirada de mi madre. La guardo en mi corazón como el tesoro más valioso ya que me llena de cariño y seguridad, me hace sentir como una cobija tibia en un tiempo de frío, me da fuerza para seguir adelante. Ahora que soy un hombre, o intento serlo. Solo tengo palabras de gratitud para mi madre, que me seguirá viendo como su niño al que alguna vez vio como un negrito bailarín, con bastón y con bombín.

Te amo madre. Felicidades.

Nicolai A.

marzo 11, 2010

Pop Love




 
 
 
 
 
 
 
 
I was roaming around
Always looking down
And all I see is all the faces I can’t reach
I’m feeling lost.

My love, my baby,
I need you,
But all you did was treat me bad
Broke my heart and leave me sad
Tell me what I did wrong
To make you stay away so long.

And now that you’re gone
I just wanna be with you;
wanna hold you close,
feel your heart so close to mine
and just stay here in this moment for all the rest of time.

We didn’t understand it,
We couldn’t understand it.
What am I suppose to do?
I love you. I miss you.
And now I wonder…

If I could fall into the sky
Do you think time would pass us by?
Cuz you know I'd walk a thousand miles
If I could just see you tonight.

I’m losing my mind!
I can’t help it.
I'm going so fast that I can't slow down,
It's hard to get up when you're spinning round and round.
I’ve got this by giving in,
what am I giving up?
Am I losing way too much?

I hope life treats you kind
And I hope you have all you’ve dreamed of;
I’m wishing you joy and happiness
but above all this: I’m wishing you love.

I’ll think of you every step of the way,
Every step you take,
every single day,
every word you say; I'll be watching you.

Maybe I will find out
a way to make it back someday;
I hope there’s someone out there
who can turn back time
and bring me back to you.

Until that day comes up
these five words I swear to you
I’ll-be-there-for-you.
I’ll be there until the stars don’t shine,
Until the heavens burst,
Until the words don’t rhyme
And I know when I die, you’ll be on my mind
And I’ll love you always. Always.

Bittersweet memories
that is all I'm taking with me.
So, goodbye. I’ll try not to cry.
I don’t belong here.
I don’t belong here…


Nicolai A.

febrero 16, 2010

Así es el amor


Hola, amor mío. Buenos días.

Hoy me desperté y no me fue fácil –al igual que todos los días– pues como tú sabes, Preciosa, siempre he sido un dormilón. Al llegar a la cocina me di cuenta que partiste sin haber lavado los trastes e inmediatamente se me dibujó una sonrisa en el rostro; Ay, traviesilla, pensé, No te preocupes, yo los lavo… Después de haber lavado los trastes me dirijo a la sala y me topo con prendas tuyas que se encuentran sobre los sillones de forma desordenada –como si hubieras tenido prisa– y no hago otra cosa que volver a sonreír; ya volverías con historias fantásticas del por qué de tu urgencia al salir de nuestra casa.

¿Te esperaré para comer? No he sabido nada de ti en todo el día y me muero de ganas por saber si el maleducado de tu jefe te habrá hecho enojar o si tus amigas durante el cigarro de medio día te hicieron reírte a carcajadas… ¿Qué estarás haciendo ahora, mi cielo?

Mi instinto de supervivencia me orilló a prepararme lo necesario para mantenerme cuerdo – o lo que más se le parezca – y no hago otra cosa más que pensar en ti. Puedo ver claramente tus ojos, tus labios, tu cabello suelto hasta los hombros y sobre todo el magnetismo innato con el que brillas siempre que sonríes. Eres hermosa; te veo radiante.

Al caer la tarde me encuentro ansioso y recurro a mi cava para encontrar algún remedio que aturda mis nervios al menos por un momento. (Ahh si, un buen whisky siempre es la mejor elección, desde que Dios inventó el whisky este mundo es un lugar mejor).

Brindo por ti.

Sigues sin dar destellos de vida y me invade una gran tristeza. Ahora todo es claro. Ya no estás aquí: conmigo. Una voz dentro de mí me recuerda que no volverás. Me grita que fuimos amigos y ahora no lo somos; me grita que fuimos novios y ahora yo no lo somos; me grita que nos amamos… ya no somos. No estamos: No seremos.

¿Por qué te fuiste de mi lado? ¿Acaso yo te aparte de mi vida? ¿En qué momento llegamos a este punto? ¿Me amas? ¿Me odias?

Lágrimas callan mis pensamientos atropellados y busco en mis manos el consuelo que mi cara reclama. No volverás, ya me acordé. No volverás. No puedo más que acordarme de la última conversación que sostuvimos:

- Te amo, Preciosa.

- Yo también te amo.

- La vida da muchas vueltas y yo tengo fe en que nos volveremos a encontrar, son cuestiones del destino.

- Por favor, Raúl, no hagas esto más difícil. Quítate esa idea de la cabeza. Se terminó.

Sigo sin entender los motivos por los que Dios nos juntó (ya sea por ser un viejo sabio o un niño explorador), pero si algo he de agradecer es tu calor. Me amaste hasta que ya no pudiste más. Lo mismo hice yo.

No me arrepiento de nada y, donde quiera que estés, deseo que encuentres lo mejor…

Hasta siempre, amor mío, hasta siempre. Te seguiré buscando, los días que me restan por vivir… te seguiré buscando y tal vez, sólo tal vez, te encuentre en otro corazón.

Te amo.


Nicolai A.

febrero 05, 2010

Sirena


Flamas encendidas

en un rostro hermoso,

Bellas joyas…

Misterio asombroso.


Enigmática mirada

que de silencio se cubre,

Ocultando la entrada

a un amor que deslumbre.


Tesoro cálido y suave

tu piel se ha convertido,

Volviéndose para mi

delicioso fruto prohibido.


Pasión contenida

que nace al verte,

Siluetas que escapan,

del pensamiento inerte.


Labios que se tocan,

Labios que se besan,

ellos me muestran

lo que mis sueños desean.


Belleza hecha mujer

me has hechizado,

Y aunque nunca cruce a tu lado,

Desde el ocaso hasta el amanecer

buscaré tu beso robado.


Sirena de los ojos hermosos

de labios dulces y amorosos

quiero perderme en tu enigma,

Y hacer de esta vida,

Nuestra aventura infinita…


Nicolai A.

enero 25, 2010

El lugar al que nunca fui


-Joaquín, es un varón.

La enfermera recibió al recién nacido de las manos del doctor y ésta se lo entregó a su padre.

-Se llamará Jorge, como mi abuelo.

Joaquín arrullaba a su primogénito, se encontraba formando parte de lo que sería el día más feliz de su vida y se sorprendió pensando que, aún en ese momento, prefería estar al otro lado del mundo… en Venecia.

Desde siempre Joaquín quiso conocer Venecia, la curiosidad se la había generado su madre, durante años ella le contaba la misma historia de cómo durante un día soleado en la plaza de San Marcos se le acercó un joven estudiante de arquitectura a pedirle la hora, le contaba que lo que más le gustaba del que se volvería su padre eran sus ojos soñadores y sonrisa encantadora.

Era tanta la pasión que desarrolló el pequeño Joaquín por Venecia que comenzó a leer, desde muy temprana edad sobre aquella remota región. El Palacio Ducal, la Basílica de San Marcos, el Puente de los Suspiros, y por no mencionar las innumerables fotografías de máscaras y fantasías que tenía sobre el carnaval al comienzo de la primavera.

Su pasión sobre este lugar se acentuó con la muerte de sus padres, sufrió de una necesidad de ir, respirar, comer… vivir Venecia.

Una vez terminada su carrera en contaduría pública, que era la única que le permitía estudiar y seguir trabajando para sostenerse, decidió comenzar a ahorrar para emprender el viaje al único lugar que para él tenía un vínculo con sus padres. Volver al comienzo. Era en lo único que pensaba.

Cualquier persona que se encontrara dentro del círculo que rodeaba su vida podría decir lo bien que describía Venecia, como si hubiera estado ahí desde el inicio de su existencia. Tenía una personalidad que te involucraba en lo que fueran sus sueños, metas e ilusiones. Joaquín envolvía en un misticismo su historia y realmente motivaba a los demás a visitar tan maravilloso lugar.

Durante su vida profesional, fue un trabajador entregado y aprendió a tomarle el gusto a su profesión. Era bueno en lo que hacía. Hubo un día que, al entregar los cheques para los empleados de la empresa donde laboraba, se topó con María, una mujer que lo atrapó con su mirada penetrante y llena de significado.

Joaquín amaba a María, y como más grande regalo, juntó todos sus ahorros y le regaló una boda de ensueño, de luna de miel se la llevó a Cancún pues ella no conocía el mar y su más grande deseo era verla feliz. Su sonrisa le alimentaba el espíritu.

Con el tiempo Joaquín transmitió su pasión por Venecia a su hijo conformándose a seguir soñando mientras los gastos de un hogar, colegiaturas y demás eventos rutinarios lo alejaban más de su fantasía que jamás olvidaba.

Ya grande, siendo un señor de edad, pudo conseguir un préstamo para qué él y su viejita pudieran viajar al viejo mundo. Era necesario llegar temprano al aeropuerto para que el viaje transcurriera sin percances.

Eran las ocho de la mañana cuando murió Joaquín. En la calle, a la espera del taxi, entre Amores y Coyoacán, con la mano en el pecho, cayó de bruces al suelo.


Hoy, estoy en un tren donde el mar me recibe en ambos lados.

Hoy, me encuentro caminando por puentes, observando canales y máscaras en aparadores, llevando un cofre de latón y llegando al lugar donde comenzó la historia de mis abuelos, el origen de mi padre y el mío. Hay mucha gente. Veo palomas y un espacio inmenso que me envuelve.

-Joaquín, ya llegaste a Venecia.

-Padre, estas donde siempre quisiste estar… Hasta siempre

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