mayo 31, 2010

Visionario

A Joao Tello, con cariño y respeto.

“Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo”. William Arthur Ward.
“Only those with too much soul die too young”.

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Al escuchar la noticia me quedé helado. No solo no lo podía creer; no lo quería creer… y aunque soy una persona que generalmente demuestra todos sus sentimientos cual libro abierto, en esta ocasión, se había fugado de mi rostro expresión alguna.

Instintivamente, mi mano derecha buscaba los cigarros en el bolsillo mientras que la otra se alzaba sobre mi cabeza ordenando la cuenta del restaurante donde comíamos mis amigos y yo. La vida ahí seguía normalmente: los empleados, los comensales, la música... Todo permanecía similar al lugar a donde había entrado, sin embargo yo no lo percibía igual; de pronto me sentí ajeno y fuera de lugar.

Lo que acababa de recibir era una noticia terrible; cargada de una incertidumbre colosal.

Pedimos el auto.

Una vez en camino, mi conciencia no dejaba de negar la imagen que repetidamente asaltaba mis pensamientos: ¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡No puede ser!

Ingeniero: no podía hacer otra cosa mas que negarlo; la noticia de tu muerte me parecía totalmente inalcanzable, irreal, pero ya estabas lejos.

Al llegar al punto de reunión, fui observando cómo los demás rostros de mis compañeros se iban palideciendo ante lo que escuchábamos, fui testigo de cómo el desconcierto nos empapaba como enfermedad contagiosa; un manto de tristeza e incredulidad nos cubría a todos… No sé cuántas veces tuve que escucharlo de las distintas personas que me rodeaban para convencerme; para taladrarlo en mi mente y dejar permear lo que no podía aceptar.

Es verdad. Es un hecho. Te has ido.

Ahora, Ingeniero, perteneces a otro plano: al plano del tiempo; ya no podemos compartir el mismo espacio; ya no podremos compartir una mesa o una celebración. Tuyo es el tiempo…

Debo agradecerte por lo que me enseñaste, por enseñarme que sí se puede, por brindarme una guía, un ejemplo.

Como líder lo que más vamos a extrañar de ti son tus ojos. Siempre te mostraron el destino al final del bosque; con ellos vislumbraste los lugares más lejanos. Tu voz nos indicaba hacia donde nos dirigíamos: al Horizonte. ¡Te gustaba ver siempre el horizonte, Ingeniero! Te gustaba tanto que subías a lo más alto para verlo, contemplarlo, viajarlo… vivirlo.

Te fuiste y lo peor es que no pude despedirme, pero debo comentarte que has cumplido.

Has trascendido en cada uno de nosotros y, aunque no compartamos tu visión distante, en nuestros corazones has sembrado la calidez, energía y coraje que tu espíritu siempre mostró.

Hoy solo espero que, el día que mi número salga para acompañarte, pueda encontrar y compartir nuevamente ese nuevo proyecto en que ahora estás a cargo: la eternidad.

Hasta siempre, Ingeniero. Cuando sea mi tiempo volveremos a estrechar las manos.

Dios te Bendiga.

Nicolai A.

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La libertad está en la expresión de la palabra. Al menos deja tu nombre y determina el color de tu libertad... Nicolai A.

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