Con todo mi cariño, respeto y admiración.
Nicolai A.
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El hombre del que quiero contarles, es mi padre. Es quién me ha guiado hasta donde me encuentro. Mi padre me enseñó a caminar y andar en bicicleta; me enseñó a competir, pero sobretodo me enseñó a ganar contra mí mismo: a reinventarme, a no rendirme, a seguir siempre adelante…
El hombre del que quiero contarles es un hombre con alma de niño, que te busca la sonrisa en el rostro, que te quiere ver feliz… ése… ése es mi padre: ¡el de corazón de león, el de pecho grande, el de espíritu radiante!
Su bigote eterno y su corazón abundante me han acompañado en mis victorias y recaídas, cuando me veía cansado se convertía en lámpara en el tiempo oscuro. En el tiempo frío, me mostraba la garra que se necesitaba para no sentirme abatido.
Recuerdo muy bien cuando jugábamos mi padre y yo, él se convertía en el reto a vencer, en la batalla a conquistar, en la inteligencia para seguir las reglas y en la astucia para doblarlas o romperlas. Y así es la vida: es un juego y un reto. Es un juego porque debes disfrutarlo y así, la diversión y la felicidad formarán parte de tu recorrido hasta alcanzar la plenitud; y es un reto pues la vida no es fácil, siempre te recuerda que el único trecho que da el adelante es el que cubre nuestro pie extendido; que no hemos terminado nuestro recorrido.
El hombre del que quiero contarles, es mi padre. Ingeniero aeronáutico de múltiples vuelos de papel; Contador público de profesión, más contador de cuentos de corazón; él era Melchor, Gaspar y Baltazar para sus hijos, para sus sobrinos, para sus hermanos y hermanas; regalos no de materia sino de alma, de llamas encendidas que brillan intensamente cuando juntas están. Hombre de y para su familia. Su familia: primero. Siempre primero.
El hombre del que quiero contarles se llama Raúl Reyes Huerta: mi padre, mi maestro, mi amigo.
Te amo padre.
Nicolai A.
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El hombre del que quiero contarles, es mi padre. Es quién me ha guiado hasta donde me encuentro. Mi padre me enseñó a caminar y andar en bicicleta; me enseñó a competir, pero sobretodo me enseñó a ganar contra mí mismo: a reinventarme, a no rendirme, a seguir siempre adelante…
El hombre del que quiero contarles es un hombre con alma de niño, que te busca la sonrisa en el rostro, que te quiere ver feliz… ése… ése es mi padre: ¡el de corazón de león, el de pecho grande, el de espíritu radiante!
Su bigote eterno y su corazón abundante me han acompañado en mis victorias y recaídas, cuando me veía cansado se convertía en lámpara en el tiempo oscuro. En el tiempo frío, me mostraba la garra que se necesitaba para no sentirme abatido.
Recuerdo muy bien cuando jugábamos mi padre y yo, él se convertía en el reto a vencer, en la batalla a conquistar, en la inteligencia para seguir las reglas y en la astucia para doblarlas o romperlas. Y así es la vida: es un juego y un reto. Es un juego porque debes disfrutarlo y así, la diversión y la felicidad formarán parte de tu recorrido hasta alcanzar la plenitud; y es un reto pues la vida no es fácil, siempre te recuerda que el único trecho que da el adelante es el que cubre nuestro pie extendido; que no hemos terminado nuestro recorrido.
El hombre del que quiero contarles, es mi padre. Ingeniero aeronáutico de múltiples vuelos de papel; Contador público de profesión, más contador de cuentos de corazón; él era Melchor, Gaspar y Baltazar para sus hijos, para sus sobrinos, para sus hermanos y hermanas; regalos no de materia sino de alma, de llamas encendidas que brillan intensamente cuando juntas están. Hombre de y para su familia. Su familia: primero. Siempre primero.
El hombre del que quiero contarles se llama Raúl Reyes Huerta: mi padre, mi maestro, mi amigo.
Te amo padre.
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La libertad está en la expresión de la palabra. Al menos deja tu nombre y determina el color de tu libertad... Nicolai A.